El verdadero desafío de este proyecto fue dar forma a lo aparentemente inflexible: curvar un único tablón de roble macizo de 30 cm de ancho y 3 cm de grosor, sin cortes ni uniones, respetando la continuidad de la pieza y su alma.
Para lograrlo, construimos una caja de vapor específica y diseñamos un sistema de poleas en polipasto que, con paciencia y precisión, hizo su trabajo. Bajo la acción del calor y la humedad, ciertas maderas se vuelven maleables; sus fibras se relajan, aceptan el cambio y, al enfriarse, se reordenan en la nueva forma, quedando así estables y vivas en su equilibrio final.
El resto del mueble está realizado íntegramente en roble macizo, acompañado de puertas correderas de 6 mm en chapado de roble, guiadas por carriles de aluminio que aportan ligereza y fluidez al conjunto.
El acabado, en tono natural, se ha realizado con aceite-cera Osmo, dejando que la madera respire, se exprese y muestre su textura sin artificios. Un mueble que nace del respeto por el material, del tiempo y del hacer consciente
